martes, 1 de octubre de 2024

Dia de té

 

La sumisión a la escalada de desventuras en la vida puede representar un hecho trascendental en la vida de cualquier humano, aunque siempre he considerado, a mi parecer, que el sufrimiento jamás será justificado, ni necesario bajo ninguna circunstancia, puedo eso sí, creer que de alguna manera, si es bien interiorizado, nos hace más fuertes, más estables y capaces de aprenden de las circunstancias mas desfavorables, la vida no es sufrimiento, la vida no es tampoco un campo verde por el cual puedas transitar sin espera de alguna resistencia, la vida simplemente pasa, puede ser un campo, un largo camino, una vereda, una caminata nocturna en soledad o compañía, de la cual, el universo nos despoja en el momento que considere sin alguna razón; puede que, sea naturaleza del universo, no poner atención en absolutamente nadie, por que algún día todo simplemente terminara, y el curso de las cosas sigue un registro establecido por el escrito de algún gran observador que en sus palabras encuentra una especie de liberación, un escrito que nombramos historia, pero que siempre consideramos todo lo pasado como tal afirmación, y nunca parte de un futuro. El escritor de todo, pudo haber plasmado todo ya, pero nuestra destreza de lectura en el tiempo no nos permite si quiera alcanzarle en el epilogo, estamos condenados a leer nuestra historia siempre a destiempo, no podemos brincar paginas sin más, porque no se nos ha concedido ese poder, y no podemos mucho menos modificar el texto. ¿Pero que acaso entonces, todo este escrito ya? Y si es el caso, ¿Qué demonios hacemos aquí?, todas las preguntas de alguna manera terminaran recitando respuestas filosóficas de toda índole; absurdas, estoicas, cínicas, pesimistas y todas por haber, y para aquellos analfabetas ni siquiera se permiten tratar de entender, solo pasan la vista por cada hoja apresuradamente hasta llegar al final, ignorando lo anterior, me permito eso sí, reescribir lo que quizá en este mismo momento estoy leyendo desde mi lector temporal, <extraña ironía> respecto a la necesidad intrínseca de sufrimiento que nos acompaña en los momentos que consideramos desafortunados o injustos, como dije al inicio, de alguna manera fortalece la capacidad de responder a cualquier adversidad, pero con cada paso adverso dado, ese aprendizaje también es un peso mas que cargar, parece muy injusto que el hecho de aprender de los infortunios nos cargue de alguna manera un equipaje de vida, que nos facilita la acampada en cualquier lugar pero de la misma manera cada vez pesa más, y de la misma manera, al tratar de desempacar todo, es mas y mas agotador. Intentando esclarecer lo anterior dicho me referiré a un ejemplo: Un día cualquiera, caminando por un campo despejado, decides descansar, bajas tu maleta del hombro, y dispones a sacar lo necesario, si en tu vida solo has conocido una pequeña frazada, una almohada, un desayuno que conste de una merienda simple y jugo de frutas, un par de cuadros con memorias significativas y una lampara de luz cálida, es ello lo que sacaras para pasar una tarde despejada, disfrutando de tu desayuno y contemplando el campo que se cierne ante ti, por contrario, si haz conocido infinidad de frazadas de colores, de texturas y tamaños, tendrás que decidir cual sacar (claro, en mi caso la selección es primordial), no habrá solo un desayuno que escoger, habrá meriendas, tentempiés, diversidad de bebidas e incluso postres de los cual elegir, y en tus cuadros llenos de recuerdos, también tendrás que elegir cuales disponer ese día, aunque duela dejar algunos hasta el fondo, pero haz decidido que ese día no es necesario revivir o recordar esos momentos, además, de la lámparas, hay demasiados artilugios, con los cuales puedes acompañar ese día para que todo sea mas “encantador”, al final, tomara un cierto tiempo en elegir lo que mas sea apropiado para esa ocasión; ¿pero acaso, no simplemente es fácil sentarte y hacer la maleta a un lado?, en cualquier caso, puede ser fácil hacer eso, pero cuando acabes de descansar en ese campo, al final de ese día, tienes que llevar el equipaje de cualquier manera, y habrá sido en vano cargarlo durante tanto tiempo así sin más, si de por sí ya es absurdo caminar con él, más absurdo no darle uso.

Se habla mucho de seguir adelante y aprender de los errores; y que conste que no hablo en sentido derrotista, pero jamás se hace el demasiado énfasis en que las cosas que aprendes también pesan y lastiman, y no es de admirar que estén alabando como modelos a seguir a aquellos que han sufrido las desgracias que jamás quisieras pasar, no sirve de nada apreciar ese tipo de cosas si al final del día desecharas la admiración que te produjo y simplemente esperaras un día más, intentando esquivar las desgracias que un día antes admiraste. No tendrá algún fin esta perorata, ni exigir un jubilo por aquellos que han conseguido cargar maletas gigantes a lo largo de su vida, o que incluso, cargan ya desde el inicio de sus vidas, pero si, intentar fomentar de alguna manera, que ser viajeros “despiertos” es cansado, agotador, y ningún intento de admiración nos dará fuerzas para seguir cargando esas maletas, al contrario, quitan un suspiro de enfado que pudo haber sido usado para tomar aire. No es necesario que alabes a los que se hacen cargo de sus vidas, es necesario que tú te hagas cargo de la tuya para que puedas comprender lo agotador que es cargar con experiencias. Y así, en lugar de alabar, comprenderás y darás solo una palmada en el hombro de aquella persona y podrás decirle, “comprendo el dolor que llevas, y la felicidad que expresas, me aceptarías un día de té?

sábado, 7 de septiembre de 2024

Las ideas tienen personas.

 Las noches de desvelo jamás terminan para aquellos que no tenemos orden en los pensamientos, pasas todo el día escuchando una y otra idea y jamás formalizas alguna, revolotean entre los rincones de cada recuerdo, intentando encajar en alguno, de husmear en tu inocencia y descubrir que queda de ella. No es, ni por asomo algo de lo que me arte, solo es cansado, rebuscar, una y otra vez, como si fuera un estante con artefacto dispuestos para ser contemplados, siempre serán los mismos, quizá recuerdos se vayan, pero siempre llegaran nuevos, y muchos de ellos, dispuestos en cajones olvidados. 

A veces imagino que tengo una bodega inmensa, repleta de letras, palabras, frases, pensamientos sin nombre y formas extrañas que me vigilan todo el tiempo, una bodega dispuesta de par a par de dos inmensos portones, a veces cubiertos de latón y otras simplemente sin sustancia, solo existen y dejan existir todo lo que ellos contienen, acaso hay más detrás de todo esto, o incluso, ¿algún día terminare de recorrerla? 

Unas ocasiones parece que los objetos de los baúles olvidados me llaman, respondo al llamado y ante esto, presiento que ahí puede haber más de lo que pueda controlar, dispongo de solo mis brazos para intentar abrir, pero se resiste, se resiste de una manera tan abrumadora que parece ser, que yo mismo estoy del otro lado halando para que permanezca en su lugar, con más cansancio que dolor lo dejo estar, recupero aliento y fuerzas y no lo intento una vez más, no lo intento porque sé que no estoy preparado para descubrir su significado, no tengo aún las respuestas de algo que permanece oculto por mí, y comprendo todo después; no son recuerdos, ni malos tragos, son ideas nuevas, ideas nuevas esperando revolotear por todo aquel lugar e impregnar con dolor, sabiduría, tristeza e incertidumbre todo lo que toque, las preguntas nuevas aguardan ante nuevos hechos, esperan el momento apropiado para no dejarme en paz, para subestimar mi conocimiento y dejarme claro que esto nunca acaba, cada nuevo significado, cada nueva palabra, cada nueva experiencia agrega más sustancias con las que jugar. Nunca acabará.