La tristeza muchas veces es una compañera dolorosa pero
necesaria, te hace reflexivo, te hace sentir los sentimientos mas puros del ser
humano, y te hacer ver, en retrospectiva lo que es la felicidad.
No sabría decir que mecanismo, que sentimientos o quien me
hace escribir hoy, suena ilógico, igual que las palabras salidas de mi mente,
pero una vez más, es necesario expulsar y redactar ideas.
No sabría explicar, ese sentimiento de sobriedad que me
embarga algunas noches, sin saber a donde voy, sin saber si el día de mañana me
cruce con una oportunidad, un fracaso, o cualquier excusa para hacer algo
extraordinario, no sé, si exista el destino, si seamos una línea de muchas líneas
de tiempo temporal, si, en alguna de ellas ahora mismo este en circunstancias deplorables,
y de alguna forma extraña, empatizo conmigo mismo (¿?).
Por momentos, se que no sabemos nada, por momentos, se que
todo es fruto de una mente voraz que siempre quiere estar trabajando, esta
lectura puede ser de color verde para mí, y para alguien más de color amarillo a
causa de alguna diferencia genética, y sin embargo, los dos podemos ver el
color “negro” por que esta estipulado que así son las letras, y ninguno de los
dos sabe quién está en lo correcto, (y realmente son blancas estas letras). La
mente muchas veces vive por nosotros y deja la conciencia a un lado, y ello, es
lo mas triste que puede pasar, y más aún, cuando te das cuenta que llevas mucho
tiempo en ese lugar.
Ser consciente de uno mismo, no es lo mismo que saber que
estas haciendo en el ahora, es más bien, a mi entender, darle el significado
propicio a tu aventura de vida, darle el significado y abrazarlo como el
verdadero para ti, a final de cuentas. Nadie sabe nada.